A finales del siglo XIX, Monclova comenzó a experimentar una transformación que cambiaría lentamente la forma en que sus habitantes se desplazaban por la ciudad. Después de décadas en las que la vida local había estado marcada principalmente por la agricultura, la ganadería y algunas actividades mineras, comenzaron a llegar nuevas formas de comunicación y transporte.

Cuando se habla de Monclova, una de las preguntas más sencillas termina llevando hasta la España del siglo XVII: ¿de dónde salió el nombre de nuestra ciudad?

La respuesta está relacionada con un personaje que probablemente pocos monclovenses identificarían por su nombre: Melchor Portocarrero Lasso de la Vega, conde de la Monclova y virrey de la Nueva España entre 1686 y 1688.