Cuando se habla de Monclova, una de las preguntas más sencillas termina llevando hasta la España del siglo XVII: ¿de dónde salió el nombre de nuestra ciudad?
La respuesta está relacionada con un personaje que probablemente pocos monclovenses identificarían por su nombre: Melchor Portocarrero Lasso de la Vega, conde de la Monclova y virrey de la Nueva España entre 1686 y 1688.
Pero la historia es un poco más interesante que simplemente decir que alguien decidió ponerle el nombre de un funcionario español.
De Monclova, en España, a Monclova, en Coahuila
El nombre de la ciudad está relacionado con Monclova, una localidad española de la provincia de Toledo, en Castilla-La Mancha.
Melchor Portocarrero Lasso de la Vega pertenecía a una familia vinculada con este lugar y ostentaba el título nobiliario de conde de la Monclova.
Cuando se establecieron poblaciones españolas en el extremo norte de la Nueva España, era común utilizar nombres relacionados con lugares, santos, títulos nobiliarios o personajes de la monarquía. Así ocurrió también con la población que terminaría convirtiéndose en nuestra ciudad.
La fundación definitiva de Santiago de la Monclova ocurrió en 1689, durante el gobierno del virrey Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, conde de Galve.
Es decir, aunque el nombre recuerda al conde de la Monclova, la fundación definitiva de la ciudad ocurrió cuando él ya había dejado el cargo de virrey.
¿Entonces la ciudad fue fundada en 1689?
Aquí comienza una de las particularidades de la historia de Monclova.
Hablar de una sola fecha de fundación simplifica demasiado una historia que tuvo varios intentos de establecimiento.
Durante el siglo XVI y buena parte del XVII hubo diferentes expediciones y asentamientos españoles en la región. La posición de Monclova era estratégica: se encontraba en una zona que permitía avanzar hacia el norte y servía como punto de defensa, evangelización y comunicación.
En 1674 hubo un nuevo intento de establecimiento, asociado con Antonio Balcárcel Rivadeneira y Sotomayor y los franciscanos.
Posteriormente, en 1689, se realizó la fundación que se considera la definitiva, dando origen a Santiago de la Monclova.
Por eso, cuando hablamos de la fundación de Monclova, conviene distinguir entre los primeros asentamientos y la fundación definitiva.
¿Y por qué “Santiago”?
El nombre completo de la población fue Santiago de la Monclova.
“Santiago” hacía referencia al apóstol Santiago, una advocación muy extendida en los territorios españoles de aquella época. No era extraño que las nuevas poblaciones recibieran el nombre de un santo acompañado por el nombre geográfico o político que las identificaba.
Con el paso del tiempo, el nombre cotidiano se redujo simplemente a Monclova.
La ciudad conservó, sin embargo, esa denominación histórica en documentos y referencias oficiales durante distintos periodos.
Un nombre que llegó desde otro continente
Hay algo curioso en todo esto.
La palabra Monclova que hoy identifica a una de las principales ciudades de Coahuila no nació en el desierto del norte de México.
Llegó desde Europa.
Existe una Monclova española en Castilla-La Mancha y, a través de la historia colonial y de los títulos nobiliarios, ese nombre terminó cruzando el Atlántico.
Hoy el nombre identifica a una ciudad industrial que creció alrededor del acero, el ferrocarril y la minería, en un paisaje completamente diferente al de su homónima española.
La transformación es enorme: un nombre asociado originalmente con la nobleza española terminó convirtiéndose en el nombre de una ciudad que durante el siglo XX sería conocida como la Capital del Acero.
El nombre sobrevivió a todos los cambios
La historia de Monclova ha pasado por cambios políticos, guerras, reorganizaciones territoriales, transformaciones económicas y una enorme expansión urbana.
La ciudad dejó de ser un pequeño asentamiento fronterizo para convertirse en un importante centro industrial.
Cambió su paisaje.
Cambió su economía.
Cambió su población.
Cambió incluso la relación de sus habitantes con el territorio.
Pero el nombre permaneció.
Monclova.
Una palabra que conecta la ciudad actual con la época colonial, con las expediciones hacia el norte, con los presidios, con las misiones franciscanas y con la historia de la Nueva España.
Y quizá esa sea una de las cosas más interesantes de estudiar la historia local: detrás de un nombre que utilizamos todos los días puede esconderse una historia de varios siglos.
La próxima vez que alguien pregunte por qué nuestra ciudad se llama Monclova, la respuesta no cabe en una sola frase.
Hay que viajar hasta la España del siglo XVII, pasar por los virreyes de la Nueva España y regresar al desierto de Coahuila.
Todo para explicar cuatro sílabas que los monclovenses pronunciamos todos los días sin pensar demasiado en ellas.