A finales del siglo XIX, Monclova comenzó a experimentar una transformación que cambiaría lentamente la forma en que sus habitantes se desplazaban por la ciudad. Después de décadas en las que la vida local había estado marcada principalmente por la agricultura, la ganadería y algunas actividades mineras, comenzaron a llegar nuevas formas de comunicación y transporte.
El ferrocarril fue uno de los grandes cambios de aquella época, pero no fue el único. Junto con las vías que conectaron a Monclova con otras poblaciones apareció un sistema de transporte mucho más pequeño y cotidiano: el tranvía de mulitas.
Hoy resulta difícil imaginarlo. Un pequeño carro de pasajeros avanzando lentamente sobre rieles, tirado por una mula, atravesando las calles de una Monclova que todavía tenía numerosos caminos de tierra y una población muy distinta a la actual.
Sin embargo, durante varias décadas aquel sistema formó parte de la vida cotidiana de la ciudad.
El ferrocarril cambió la relación de Monclova con el exterior
Para entender por qué apareció el tranvía hay que mirar primero el desarrollo del ferrocarril.
Durante las últimas décadas del siglo XIX, el ferrocarril comenzó a transformar profundamente las comunicaciones de Coahuila. La construcción de la estación que sería conocida como Estación Monclova convirtió a ese punto, ubicado al norte de la población, en un nuevo espacio de actividad económica y comunicación.
La actual Ciudad Frontera comenzó a desarrollarse alrededor de aquella estación ferroviaria. Documentos del Gobierno de Coahuila señalan que entre 1884 y 1886 comenzaron a establecerse viviendas en el lugar y que posteriormente la comunidad sería conocida como Estación Monclova. El documento también señala que la población quedó comunicada con Monclova mediante un tranvía de mulas.
Una fuente local sitúa la inauguración de la entonces Estación Monclova con la llegada del primer ferrocarril de vapor en 1894, mientras que otras referencias locales sitúan la llegada del ferrocarril a Monclova algunos años antes. Las fechas de la primera conexión ferroviaria merecen una investigación documental específica, pero no existe duda de que para la década de 1890 el ferrocarril ya estaba transformando la zona y que la estación se había convertido en un punto fundamental de comunicación.
El problema era sencillo: la estación estaba separada del centro de Monclova.
Había que transportar personas y mercancías entre ambos puntos.
Ahí apareció el tranvía.
El nacimiento del ferrocarril urbano
La documentación conservada por el Archivo Histórico de Coahuila proporciona una referencia particularmente importante.
El 23 de julio de 1896 se celebró un contrato para la construcción y explotación de un ferrocarril urbano entre Monclova y Estación Monclova. El documento menciona como partes a Antonio Cárdenas y al licenciado Salvador Cárdenas Peña, y establece en su artículo 23 una tarifa máxima de seis centavos por persona para el recorrido contemplado por la concesión.
Esto es importante porque permite dejar atrás la idea de que el tranvía simplemente apareció como una innovación informal. Existía una concesión y un contrato que regulaban su construcción y funcionamiento.
Una publicación local señala que en 1896 Frank B. James obtuvo autorización para construir un tranvía entre la Estación Monclova y la ciudad, y sitúa el recorrido inaugural el 1 de diciembre de ese año. Sin embargo, debido a que la documentación del Archivo Histórico de Coahuila ofrece una referencia contractual diferente, lo más prudente es considerar el 23 de julio de 1896 como la fecha documental de la concesión y el 1 de diciembre como la fecha de inauguración reportada por la historiografía local.
¿Por qué le decían tranvía de mulitas?
La respuesta es bastante literal.
Los vehículos eran carros que circulaban sobre rieles y eran arrastrados por animales, principalmente mulas. La utilización de rieles permitía que el carro se desplazara con menor resistencia que un vehículo convencional sobre las calles de tierra de aquella época.
No se trataba de un tranvía eléctrico. La electricidad todavía estaba comenzando a incorporarse a la vida urbana de Monclova y el sistema dependía de la fuerza animal.
La imagen resulta curiosa desde nuestra perspectiva actual, pero en aquella época era una solución tecnológica perfectamente razonable. El riel permitía transportar pasajeros y carga con un esfuerzo menor que el necesario para mover un carro convencional por caminos irregulares.
En Monclova, una sola mula podía tirar de uno de los pequeños carros. Según testimonios recogidos por el historiador local José Castro Zertuche, el sistema llegó a contar con varios carros de pasajeros, algunos carros de carga y un conjunto de más de treinta mulas que se iban alternando.
Tres puntos importantes de la ciudad
El tranvía no solamente comunicaba dos lugares. Con el tiempo se convirtió en una pequeña red que articulaba distintos puntos de Monclova.
Las referencias históricas señalan tres lugares fundamentales: la Estación Monclova, el centro de la ciudad y la fábrica de Hilados y Tejidos La Buena Fe.
La Buena Fe se encontraba junto al río y representaba uno de los espacios industriales importantes de la ciudad. Alrededor de ella existían otras actividades económicas, entre ellas una fábrica de hielo, molinos y una maderera.
El tranvía permitía que trabajadores, pasajeros y mercancías se desplazaran entre estas zonas.
Por eso su importancia fue mucho mayor de lo que podría sugerir el tamaño de los pequeños carros.
El tranvía ayudaba a unir una ciudad que comenzaba a expandirse y que ahora tenía dos centros de actividad cada vez más importantes: el antiguo núcleo urbano y la zona ferroviaria.
El recorrido por las calles de Monclova
Una descripción histórica de Monclova de las primeras décadas del siglo XX permite reconstruir parte de su recorrido. Una de las ramas salía de la fábrica La Buena Fe, ubicada junto al río, y avanzaba por la calle Hinojosa, continuaba por parte de la calle Juárez y entraba hacia la Plaza por la calle Hidalgo.
En el cruce de Hidalgo y De la Fuente existía un torno que permitía girar los vehículos para regresar hacia su punto de origen. Desde la Plaza existía otra rama que conducía hacia la Estación Monclova. Las vías pasaban por un costado de la Alameda y continuaban por la calle Juárez, bordeando la Loma de la Bartola hasta llegar a la estación ferroviaria.
Esto permite imaginar un paisaje urbano completamente distinto al actual. Las vías estaban integradas en calles que todavía no tenían el aspecto moderno que conocemos. Los carros circulaban lentamente entre construcciones bajas, árboles, caminos de tierra y una ciudad mucho menos extensa.
El tranvía también transportaba carga
El sistema no estaba destinado exclusivamente a pasajeros. Los testimonios históricos hablan de varios carros de carga que formaban parte del servicio. Esto tenía sentido en una ciudad donde el transporte ferroviario y las actividades industriales comenzaban a adquirir mayor importancia. El tranvía podía acercar productos y materiales desde la estación hacia distintos puntos de Monclova y facilitar el movimiento de mercancías entre las zonas productivas.
La conexión con La Buena Fe era especialmente importante porque aquella fábrica estaba vinculada con otras actividades económicas que daban movimiento a la zona. Así, el tranvía fue al mismo tiempo un medio de transporte urbano y una pequeña infraestructura económica.
La ruta al cementerio
Uno de los detalles más curiosos de la historia del tranvía de Monclova es que existió una derivación de la vía hacia el Panteón de Guadalupe. La descripción histórica señala que una espuela conectaba la vía principal con el panteón y permitía transportar los cuerpos de las personas fallecidas desde la población hasta su lugar de sepultura. Para ello se incorporaba un coche utilizado como carroza funeraria.
Es un detalle que muestra hasta qué punto el tranvía había quedado integrado en la vida cotidiana. No solamente servía para ir al trabajo, viajar a la estación o transportar mercancías. También podía formar parte de los momentos más solemnes de la vida de los habitantes.
El precio del pasaje
El Archivo Histórico de Coahuila conserva un documento particularmente interesante sobre las tarifas. El contrato de 1896 establecía que el máximo que podía cobrar la compañía era de seis centavos por persona por el recorrido correspondiente. Décadas después, el precio se convirtió en motivo de conflicto.
Un documento relacionado con la historia de la Revolución registra una protesta de usuarios debido al aumento del pasaje entre Monclova y Estación Monclova. El precio había pasado de cincuenta centavos a un peso y la Presidencia Municipal intervino ante el gerente de la compañía para recordarle las condiciones de la concesión.
Este episodio resulta interesante porque demuestra que el tranvía seguía siendo un servicio importante para la población incluso muchos años después de su inauguración. También muestra algo bastante humano: parece que discutir por el precio del transporte no es precisamente una invención del siglo XXI.
El tranvía y la transformación de Monclova
El tranvía apareció en un momento en que Monclova estaba entrando en una etapa de transformación.
Durante buena parte del siglo XIX la ciudad había mantenido una economía principalmente agrícola y ganadera. La llegada del ferrocarril, el crecimiento de las actividades industriales y la incorporación de nuevas tecnologías comenzaron a modificar esa situación.
El historiador local José Castro Zertuche ha señalado al ferrocarril, la planta de luz y fuerza y el tranvía de mulitas como parte de los cambios que introdujeron a Monclova en una etapa de modernización a finales del siglo XIX y principios del XX.
El tranvía fue, por tanto, mucho más que un vehículo pintoresco. Representaba una nueva manera de entender el espacio urbano. La distancia entre la estación y el centro dejaba de ser un problema exclusivamente peatonal o de transporte mediante carretas y caballos. Ahora existía una ruta fija, sobre rieles, con horarios y estaciones.
Una ciudad conectada con su estación
La relación entre Monclova y Estación Monclova fue fundamental para el desarrollo posterior de ambas poblaciones. La estación ferroviaria generó actividad comercial, movimiento de pasajeros y nuevas oportunidades económicas. A su alrededor comenzó a crecer la comunidad que posteriormente se convertiría en Frontera.
El tranvía fue el enlace cotidiano entre esas dos realidades. Por un lado estaba la ciudad histórica de Monclova, con su plaza, sus iglesias, sus calles y sus antiguos barrios. Por otro estaba la nueva zona ferroviaria, que crecía alrededor de las vías y de la estación. El tranvía hacía posible que ambas zonas funcionaran como partes de un mismo espacio económico y urbano.
¿Cuántos carros tenía?
Los datos disponibles sobre el número exacto de vehículos no son completamente uniformes, por lo que conviene tomar las cifras como testimonios históricos y no como un inventario definitivo. José Castro Zertuche recoge el recuerdo de aproximadamente siete carros de pasajeros y dos o tres de carga, además de un lote de más de treinta mulas utilizadas para mantener el servicio. También menciona que una sola mula podía arrastrar uno de los carros.
La imagen que surge es la de un sistema pequeño pero organizado. Había carros, animales de reemplazo, estaciones y personal encargado del funcionamiento. No era una enorme red urbana como las que existían en Ciudad de México u otras ciudades importantes, pero para una población como Monclova representaba un avance considerable.
El tranvía durante la Revolución
Para principios del siglo XX, el tranvía ya formaba parte de la infraestructura de Monclova. Un documento publicado por el Archivo Histórico de Coahuila relacionado con la Revolución Mexicana registra expresamente el servicio entre Monclova y Estación Monclova y demuestra que la ruta seguía siendo objeto de regulación y controversia durante esos años.
Esto resulta importante porque permite evitar una imagen demasiado romántica del tranvía como un simple recuerdo de una época tranquila. El sistema sobrevivió en una ciudad que atravesó profundas tensiones políticas y militares durante la Revolución. Las vías, la estación y el transporte urbano formaban parte de la infraestructura que hacía funcionar a la ciudad.
El ferrocarril tuvo además una importancia estratégica enorme durante la Revolución, y la propia Estación Monclova fue escenario de acontecimientos políticos y militares de importancia.
¿Cuándo desapareció?
Las fuentes consultadas permiten comprobar la existencia y funcionamiento del tranvía durante las primeras décadas del siglo XX, pero no permiten establecer con la misma seguridad una fecha exacta de su último recorrido. Algunas publicaciones locales sitúan su desaparición antes de la llegada de AHMSA en 1942 y recuerdan que en los primeros años de la década de 1940 ya formaba parte del pasado de la ciudad. Por eso, afirmar una fecha exacta sin localizar el documento correspondiente sería ir más allá de la evidencia disponible.
Lo que sí parece claro es que el tranvía dejó de tener sentido conforme aparecieron nuevos medios de transporte y la ciudad comenzó a cambiar rápidamente. Los automóviles, camiones y otros sistemas de transporte ofrecían mayor flexibilidad y no dependían de una infraestructura fija de rieles. La misma transformación que alguna vez había convertido al tranvía en símbolo de modernidad terminó haciendo que quedara obsoleto.
Las vías desaparecieron, pero la ruta quedó en la memoria
Con el paso de las décadas desaparecieron los carros, las mulas y finalmente los rieles. También cambió la ciudad por la que habían circulado. La fábrica La Buena Fe desapareció, las calles cambiaron de aspecto, la estación quedó integrada en una zona urbana mucho más grande y la llegada de AHMSA a partir de 1942 transformó completamente la escala económica y urbana de Monclova.
El pequeño tranvía de mulitas quedó como un recuerdo de una etapa anterior. Una etapa en la que Monclova comenzaba a abandonar lentamente su antiguo carácter rural y a convertirse en una ciudad moderna.
El Monclova que viajaba en tranvía
Imaginar aquel tranvía permite entender mejor cómo era la ciudad antes de la gran transformación industrial. Un carro avanzaba lentamente por los rieles. Una mula tiraba de él mientras el conductor controlaba el recorrido. Los pasajeros subían y bajaban en distintos puntos. Las calles todavía tenían una escala mucho menor y alrededor podían encontrarse árboles, casas bajas y terrenos abiertos.
Desde la Plaza, la vía conducía hacia la Estación Monclova. En dirección contraria, el sistema llegaba hasta La Buena Fe y las zonas industriales próximas al río. El recorrido conectaba tres mundos: el centro histórico, la industria local y el ferrocarril. Ese pequeño sistema de transporte fue uno de los primeros elementos que ayudaron a convertirlos en una sola ciudad funcional.
Un pequeño tren que pertenece a la historia de Monclova
Hoy hablar de tranvías en México suele llevar inmediatamente a pensar en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara o Puebla. Monclova tuvo un sistema mucho más modesto, pero su importancia local fue considerable. El tranvía de mulitas fue parte de la transición entre dos épocas.
Representó una ciudad que comenzaba a modernizarse, pero que todavía dependía de la tracción animal. Conectó la población con el ferrocarril, facilitó el movimiento de pasajeros y mercancías y acompañó el crecimiento de la zona que posteriormente se convertiría en Frontera.
No fue un episodio aislado. Formó parte de una cadena de transformaciones que cambiarían definitivamente a Monclova: el ferrocarril, la electricidad, las primeras industrias modernas y, décadas después, la gran siderúrgica. Cuando los últimos rieles desaparecieron, también desapareció una parte del paisaje urbano que había acompañado a varias generaciones.
Pero la historia permanece en los documentos, en las fotografías antiguas y en los recuerdos de quienes todavía alcanzaron a escuchar hablar del tranvía de mulitas. Aquel pequeño carro tirado por una mula fue, en su momento, una de las expresiones más visibles de que Monclova estaba dejando atrás una época y comenzando otra.
Fuentes consultadas
- Archivo Histórico de Coahuila. Documentación sobre la Revolución Mexicana y referencia al contrato del ferrocarril urbano de Monclova y Estación Monclova de 23 de julio de 1896.
- Gobierno del Estado de Coahuila. Decreto y antecedentes históricos de Ciudad Frontera, incluyendo el desarrollo de Estación Monclova y su conexión mediante tranvía de mulas.
- La Prensa de Coahuila. Recopilación histórica sobre el antiguo Monclova y descripción de las rutas del tranvía, incluyendo su conexión con La Buena Fe, la Alameda, la Estación Monclova y el Panteón de Guadalupe.
- Zócalo Monclova. Testimonios e investigación de José Castro Zertuche sobre el tranvía de mulitas, sus carros, mulas, estaciones y función dentro de la ciudad.
- La Voz de Monclova. Referencia a la concesión de 1896 y a la fecha de inauguración reportada localmente del recorrido entre Estación Monclova y Monclova.
Nota histórica
En la documentación consultada existen diferencias respecto de algunas fechas y nombres relacionados con los primeros años del tranvía. Por esa razón, este artículo distingue entre los datos respaldados directamente por documentos históricos y aquellos procedentes de recopilaciones o testimonios locales. En particular, el contrato del 23 de julio de 1896 está documentado en el Archivo Histórico de Coahuila, mientras que la fecha del 1 de diciembre de 1896 como inauguración aparece en una fuente histórica local. No se presenta una fecha definitiva de desaparición porque no se localizó en esta investigación un documento suficientemente sólido que establezca el último día de servicio.